En los últimos días, el gobierno uruguayo ha mantenido reuniones con una delegación del Banco Mundial encabezada por su director regional, Pedro Alba. Junto a alguno de sus colaboradores, Pedro Alba se entrevistó con José Mujica para luego mantener dos largas reuniones de trabajo con autoridades del equipo económico entrante.
Así se sabe que la meta establecida por la administración que asume supone una inversión de 1.800 millones de dólares en infraestructura.
Uruguay tiene por delante varios temas acuciantes. Uno de ellos es el de la energía, que va a seguir requiriendo soluciones siquiera parciales hasta tanto se adopte la decisión final sobre la instalación de una planta nuclear. Este último es un proyecto con horizonte de concreción de entre 15 y 20 años, que en su momento requerirá a su vez de ingentes recursos financieros.
Entretanto, la creciente demanda impone pensar en usinas de regasificación, una más amplia interconexión para intercambio con los vecinos, especialmente Brasil, y quizá también obras de conducción de gas -gasoductos- con tendido a partir de regasificadoras. A la vez, será necesario incorporar otros tipos de generación, que puedan colaborar para que la red nacional enfrente los tradicionales picos invernales o atienda la demanda agregada por una mayor actividad económica.